El regreso | La libreta roja

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Falkenhausen, primero por la izquierda.

En algún momento de la ocupación alemana, llegaron a la casa de los Lapatza Olivares noticias inquietantes sobre la salud de María, la madre de Jesús. Tan inquietantes como para que Jesús se animara a “mover sus contactos” y sondeara la posibilidad de conseguir un permiso para viajar a España. Sigue leyendo

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Bélgica ocupada 1940-44 | La libreta roja

Una vez ocupado el país, Bélgica fue administrada por un gobierno militar alemán, que solventó los costos de la ocupación friendo a impuestos el país: hasta dos tercios de los ingresos nacionales, según este artículo de Wikipedia.

La comida, el combustible y la ropa fueron estrictamente racionadas por las autoridades alemanas. Aún con el estricto racionamiento, la comida y otros materiales a los que los civiles tenían derecho no siempre estaban disponibles.

El recuerdo de Luismari de esta época no es especialmente amargo.  Sigue leyendo

Primeros recuerdos de Luismari

“Carbón cojonudo de Cardiff”, reza reza el cartel escrito con tiza en la puerta de una lonja, en la calle Mayor de Las Arenas. Apenas ha aprendido a leer, y con toda la fascinación de los niños por lo prohibido y el lenguaje escatológico, lo lee en voz baja cada día al pasar por delante de camino al colegio.

Mayo de 1937. El cinturón de hierro de Bilbao comienza a ceder. La Legión Cóndor ha bombardeado ya Durango y Gernika. Sigue leyendo

Lágrimas por la aristocracia

Mi tío Gino era un auténtico aristócrata. Un aristócrata de los de verdad, quiero decir, un miembro de la nobleza: Gino Almagiá Gairinger, viudo de doña Carmen Pérez del Pulgar y Muguiro, hija del marqués de Salar, grande de España y bla, bla bla… En realidad no era mi tío, sino el tío segundo de mi madre, primo carnal de mi abuelo. Pero en la familia todos le conocíamos como Tito Gino. Todo un personaje… Sigue leyendo

Por si acaso…

Planeta Santiago
La iglesia de Larrimbe llegó a ocupar un puesto importante en el planeta de mi infancia.

Alguna vez me ha dado por pensarlo, pero francamente no tengo ni idea de si mi madre era de verdad creyente, o se trataba solo de guardar las apariencias… por si acaso. Y digo por si acaso porque era hija de un judío italiano y una luterana sueca que, si no me equivoco, renunciaron a sus respectivas creencias para poder vivir como personas respetables en la España de Franco. Y eso no era ninguna broma en aquellos tiempos. Sigue leyendo