Mi tío Gino era un auténtico aristócrata. Un aristócrata de los de verdad, quiero decir, un miembro de la nobleza: Gino Almagiá Gairinger, viudo de doña Carmen Pérez del Pulgar y Muguiro, hija del marqués de Salar, grande de España y bla, bla bla… En realidad no era mi tío, sino el tío segundo de mi madre, primo carnal de mi abuelo. Pero en la familia todos le conocíamos como Tito Gino. Todo un personaje… Sigue leyendo
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Camino del norte: epílogo
Según todas nuestras noticias, hoy lunes salían varios autobuses de Santiago rumbo a Mondoñedo, donde empezamos nuestro camino, y por tanto donde habiamos dejado el coche. Pero esto habría sido así si no fuera hoy lunes el Dia de San Roque, irónicamente santo patrono de Santiago y por lo tanto, fiesta de guardar en la localidad. Resultado: hoy no hay autobuses a Mondoñedo. Esto lo hemos sabido después de cumplir con el último rito que nos quedaba como peregrinos, la entrada a la catedral por la puerta santa para abrazar la efigie del Santo.
El pan B que hemos puesto en marcha para evitar tener que pasar una noche más en Santiago ha sido coger un tren a A Coruña, donde tomaremos un autobús a Mondoñedo. Hemos comido sushi en un agradable restaurante japonés, y ahora estamos leyendo/dormitando un rato en la biblioteca del ForuMetropolitano antes de coger el bus.
Por cierto, en el tren nos hemos encontrado con una pareja de Eslovenia que conocimos en la etapa Baamonde-Sobrado.
Camino del norte, séptima jornada
Pedrouzo-Santiago. 20 km. Desnivel máximo 160 m.
De nuevo una etapa relajada, sin mas incidencias que unas cuantas cuestas, la cercanía de la carretera y la creciente riada de peregrinos. La cercanía de Santiago nos hace correr ligeros, con autentico furor peregrino. Lo que no es óbice, por otra parte, para que los ultimos kilómetros se nos hagan largos… como siempre.
Poco antes de Monte do Gozo hacemos una paradita a tomar café en Casa Amancio, una preciosa casa rural a pie de camino.
Una vez en Santiago, lo primero es acudir a la Casa del Peregrino a por la Compostela. En la larga cola coincidimos de nuevo con algunos de los compañeros. Una vez hechos los deberes, nos registramos en el hotel, comemos en Maria Castaña y tras un breve descanso acudimos a la catedral. Misa a las seis, como mandan las tradiciones, y de nuevo al hotel. A descansar un poco y a actualizar el blog 8).
Camino del norte, sexta jornada
Arzúa-O Pedrouzo, 21 km. Desnivel máximo 110 m.
Nada mas dejar la mochila ayer en el piso de Arzúa fuimos a comer a Casa Chelo, justo frente al portal, con la americana. Es de Seattle, tiene 59 años y se lla Frances, pero todos le llaman Chi Chi. Por la tarde siesta reparadora y un paseíto por el pueblo. Por supuesto, un poco de queso de Arzúa para cenar.
Hoy hemos salido con calma, casi a las nueve, tras desayunar en una cafetería-pastelería al parecer muy típica, pero en la que las camareras no parecían muy contentas de estar allí 😡
La etapa ha sido suave y relajada, solo un poco molesta por la autentica riada de peregrinos. He echado de menos las solitarias caminatas de hace unos días. A cambio, el biente es magnifico, y es fácil entablar conversación con gente siempre able e interesante. A media etapa hemos vuelto a encontrar a Chi Chi.
A la llegada a O Pedrouzo, sobre la una del mediodía, ni siquiera nos hemos molestado en intentar registrarnos en el albergue; hemos parado en una pensión-restaurante a la entrada del pueblo y hemos pedido algo de comer. Mientras esperábamos ha llegado Chi Chi, que de nuevo ja compartido mesa con nosotros. Resulta que mientras comíamos, un grupo que había reserado varias habitaciones en la pensión las ja cancelado, así que decidimos quedarnos a dormir aquí. Guillermo, el mesonero, es de Galdakao, y al enterarse de que somos de Amurrio nos da recuerdos para el cocinero del restaurante Arenalde, Eneko.
Al salir a ir a sellar las credenciales en el albergue nos encontros de nuevo con Luca y Silvia, la pareja de Milan que perdimos de vista en Baamonde. Luego nos encontramos con casi todo el grupo de peregrinos del norte. A todos nos hace ilusión volver a vernos, y pasamos un buen rato juntos.
Mañana es la ultima etapa. Aunque hemos reservado habitacion en Santiago, todavía no tenemos muy claro si nos quedaremos en Monte do Gozo.
Camino del norte quinta jornada
Sobrado dos Monxes-Arzúa, 22,4 km. Desnivel máximo 255m.
Hoy se nos han pegado las sabanas y nos han dado las ocho en la cama. Desayunamos tranquilos en un bar y salimos con toda la calma del mundo rumbo a Arzúa, punto en el que el camino del norte se une el francés. Después de unos días andando casi en familia da un poco de pereza pensar en la riada de peregrinos que nos vamos a encontrar. La etapa transcurre tranquila, la mayor parte en carreteras locales casi sin tráfico. Al pasar por Sendelle, un pequeño pueblo del xoncejo de Boimorto, un par de amables matronas nos preguntan si queremos sellar la credencial y ver la iglesia románica. Por supuesto! El abside resulta ser todo un hallazgo, con un impresionante fresco de laúltima cena muy curioso y excepcionalmente bien conservado y restaurado. La pasión de Maribel, que nos hace de guía, es tan motivadora que nos quedamos casi dos horas charlando con ella y traduciendo sus comentarios para una pareja de alemanas.
Llegamos a Arzúa a eso de las dos del mediodía. Por supuesto el albergue está lleno, pero una de las voluntarias va a acompañar a una americana hasta un piso en el que hay camas libres. Resulta que el piso esta limpio, así que nos quedamos. Comemos un menú y nos echamos una siesta. Veremos lo que nos depara la tarde.
Camino del norte, cuarta jornada
Baamonde-Sobrado dos Monxes, 41 km. Desnivel máximo 300 m. Nos ha costado, pero aquí estamos doce horas después de la salida. Cansados pero enteros, y sin una sola ampolla :).
Ha sido una etapa larga, muy larga pero no por ello menos hermosa. Mucha gente la parte en dos y se queda en Miraz, a solo 16 km de Baamonde. Cuando hemos lllegado aun no eran las 11 y estábamos fuertes, así que nos hemos atrevido a seguir. De todas formas, Miraz, una pequeña aldea agrícola presidida por un impresionante Pazo que parece sacado de “los gozos y las sombras” merecía una visita.
El trayecto hasta Sobrado pasa luego por montes de granito, oscuras fragas de roble y helecho en las que parece que en cualquier momento te va a asaltar el bandido Fendetestas, e idílicas aldeas de casas de granito, tejados de pizarra y ventanas blancas de pvc. Las vacas mastican con parsimonia mientras ven pasar a los peregrinos, y pequeños perros ratoneros les salen al paso desde los cobertizos para herramientas ladrando con voz de pito.
Lo primero que se ve al arribar a Sobrado son las Torres del monasterio en el que se ubica el albergue. Es un impresionante edificio que alterna rasgos barrocos y neoclásicos, casi totalmente ocupado en agosto por los peregrinos. Llegamos pasadas ya las siete y no quedaban ya camas, solo sitio para extender una esterilla y un saco de dormir; preferimos pagar una habitación en el hotel de dos estrellas al otro lado de la plaza. La experiencia de acostarnos de nuevo en una cama con sabanas hace que nos planteemos si podremos levantarnos de madrugada para iniciar una nueva etapa. Como suele decirse, mañana será otro dia.
Camino del norte, tercera jornada
Vilalba-Baamonde, 21 km. Desnivel maximo 90 m. Salimos del albergue de madrugada fresquita, a las 7:20. Conforme avanza la mañana asoma el sol, hasta que a a la llegada empieza a apretar la caló. Baamonde es un pueblo pequeño y agradable, con una hermosa iglesia romanico tardío y varios restaurantes de cierto pelo. El albergue es muy agradable, con in bonito jardín y unas moscas reaente pesadas. Comemos en el restaurante de Xoan Corral, un poeta y actor de singular presencia y versos naive. Luego nos enteramos de que su hermano Víctor, escultor, tiene un museo en la localidad. Se trata de una suerte de jardín encantado, salpicado de tallas en madera y granito de aire pop con algunos toques de misticismo cristiano.
Mañana toca la etapa reina, de Baamonde a Sobrado, 40 km. Con la posibilidad de partirla en dos si hay sitio en el albergue de Miraz, a solo 16 km de la salida. Ya veremos…
Camino del norte, segunda etapa
Martes. Abadin-Vilalba, 20 km. Desnivel máximo: 50 m. Salimos a las siete y media y llegamos a las once y media al albergue se Vilalba. Lo malo es que no abren hasta la una. Una etapa rápida y agradable, aunque cada vez hay mas peregrinos. Luego comeremos e iremos a ver Vilalba.
Camino del norte, primera etapa
Mondoñedo-Gontán, 18 km, desnivel 509m. Día nublado y con rachas de sirimiri, ideal para andar. Decía la guía que es una etapa dura, pero ha sido muy bonita. Lurdes a ratos se venia arriba y quería continuar una etapa mas, 20 km. 🙂
Cándido (I)

Un día, cuando aún vivían en la Ribera de Olabeaga, Cándido cogió a su hija Gloria de la mano y le acompañó escaleras abajo por el muelle, hasta la zona húmeda y cubierta de verdín que deja la marea. Las turbias aguas de tono ocre y fuerte olor a descomposición no impedían la proliferación de algas: la carcomida barandilla metálica estaba cubierta de sargazos.
-Mira, Gloria -dijo Cándido.
Cogió una hoja de sargazo y apretó uno de sus bulbos entre el índice y el pulgar. El alga reventó con un chasquido y proyectó hacia adelante un pequeño salpicón de sustancia gelatinosa. La niña sonrió encantada. Cándido cogió un manojo de algas y acompañó de nuevo a la pequeña escaleras arriba, al encuentro de su madre.
-¡Mira, Madre! -exclamó la niña, apretando un trozo de alga en su manita y convirtiéndola en una masa que le salpicó la ropa.
María cerró los ojos con un gesto de desagrado ante el desastre, pero luego sonrió y sacó un ajado pañuelo del bolsillo con el que intentó arreglar el desaguisado. En realidad no era la madre de la niña, pero no habría podido quererla más si la hubiera concebido en sus entrañas.
Nunca quedó clara la razón por la que Cándido dejó a María, su primera novia, y se prendó de Felicia. Hay quien dice que fue porque María, contra el parecer de Cándido, fue a servir a la casa que “los señores” tenían en la playa. O tal vez fue sólo eso, que se prendó de Felicia y se casó con ella. Vivieron un intenso romance, pronto bendecido con un embarazo. Y nació Gloria. Pero algo salió mal. Una infección que podría haberse atajado fácilmente con un poco de penicilina se llevó en breves semanas a la primeriza, entre fiebres y dolores. Un poco de penicilina que podría haberse comprado si Cándido hubiera tenido dinero. Cándido, que sintió como su mundo se resquebrajaba y se le desgarraban las entrañas mientras abrazaba el cadáver de su esposa y escuchaba el llanto de su hija recién nacida.
Y allí estaba María. Callada y respetuosa con el dolor del hombre al que siempre había amado, se hizo cargo de la niña y del cuidado del marido de su amiga. Qué menos. Alguien tenía que hacerlo, por lo menos hasta que Cándido se recuperara.
Pero Cándido no volvió a ser el mismo.