Sexta etapa: Los Arcos-Viana

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Treinta y cinco grados a la sombra… Es posible que exista más calor, pero ahora mismo no lo concibo. Menos mal que la mañana nos ha respetado, y el sol no ha empezado a apretar en serio hasta un rato después de haber llegado. Y eso que nos hemos dormido; la intención era hacer diana a las cinco, pero no nos hemos despertado hasta una hora más tarde,sudados como pollos tras una noche caliente, caliente. Había que acelerar, así que nos hemos lavado la cara, una frura para desayunar y al camino. Sigue leyendo

Quinta etapa: Estella-Los Arcos

De nuevo diana temprano, a las cinco y algo. En ruta a las seis y cuarto, Atravesamos Estella de noche, buscando las señales a tientas. El sol nos alcanza subiendo la cuesta que lleva al monasterio de Iratxe; la famosa fuente que mana vino está todavía cerrada. No importa, de todas formas no son horas para atizarse un pelotazo de vino, ¿No? Pues eso.
Tras pasar la urbanización y el camping de Iratxe, que por cierto tiene muy buena pinta, el camino discurre entre carrascas y encinas, para desembocar después en un paisaje ondulado de campos ya trillados, salpicado de viñedos y custodiado por montes no muy altos, en la cima de los cuales siempre hay una ermita,una iglesia con campanario o una fortaleza. Así llegamos a Villamayor de Monjardín, custodiado por el castillo de Deyo. Empieza a hacer
Calor, pero es uno de los tramos más hemosos del camino. Entramos en la iglesia de Villamayor, de sobrio trazado gótico, casi minimalista por la falta de adornos.
El tiempo se porta hoy bien con nosotros, alternando el sol con nubes de evolución y una suave brisa. Llegamos a Los Arcos poco antes de las doce. Es un pueblo medieval muy bonito, articulado en torno a una calle mayor muy larga, que desemboca en una plaza, en la que se encuentran el ayuntamiento y la iglesia parroquial, consagrada a la Virgen. Una iglesia que merece la pena visitar, auténtica mezcla de todos los estilos desde el siglo XII.
El pueblo está en fiestas, claro, y a las seis de la tarde hay encierro y vaquillas en la calle mayor y la plaza. O sea, en todo el pueblo.
Tras esperar a que abran el albergue y pasar unos momentos un poco tensos por aquello de que oye no te cueles, ducha y a la calle. Hoy hay “pochada popular” por las fiestas. Es decir, que cualquiera que se acerque con un plato y una cuchara tiene su ración de alubias pochas. Pero eso será a las tres y media, son la una y tenemos hambre, así que buscamos un restaurante con menú peregrino y nos metemos a comer. De primero una parrillada de verduras memorable.
A la tarde siesta, visita al pueblo (y la iglesia) tras las vaquillas, y unas compras para el día siguiente. Al albergue a cenar un bocadillo, escrbir esta entrada y a la cama. Mañana, hasta Viana, otros 20 km. Buenas noches…