Del paleolítico al gótico: San Juan – Burgos


Para una noche que no empieza la gente a hacer ruido a las cinco de la madrugada, resulta que me despierto a las… ¡Cinco y cuarto! Mientras Lurdes duerme me dedico a terminar de escribir sobre la etapa de ayer. Pasadas las seis me levanto y voy al salón de la casa rural a desayunar un café de máquina. El café no es gran cosa, pero en la mesa hay una cesta con lo que parecen ser algún tipo de dulces locales, como una masa dura con levadura dorada por fuera con caramelo. Vale, vamos a probar uno. Bueno, otro… Este el ultimo, prometido. Uno mas, pero solo para acabar el café. Y así hasta que ha llegado Ludes, por pocos acabo con todos.

El sol ha salido ya. Unos estiramientos rápidos y a andar, que casi son las ocho!

El trayecto a través de un pinar hasta Agés es una preciosidad. El cielo esta casi raso, salvo por unas nubes altas que parecen hechas a pinceladas, pero la temperatura es fría a estas horas, para mi que no pasa de los 12°C.

Agés es más pueblo que San Juan. Tiene varios albergues más pequeños y algún que otro bar. Y está decorado con cariño por sus habitantes, se nota. Pocos km más allá se encuentra Atapuerca. Hace trece o catorce años visitamos el pueblo en busca de los yacimientos; por aquel entonces en el pueblo apenas sabían nada de ellos. El cuartel general de los arqueólogos estaba en Ibeas de Juarros, al otro lado de la sierra. Hoy el pueblo cuenta con un enorme pabellón en el que hay un centro de interpretación (que tendré que venir a ver un dia de estos), y han florecido los establecimientos hosteleros de todo típo, desde simples bares hasta restaurantes de diseño e ingeniosos nombres, pasando por hospederías y albergues para peregrinos.

A la salida del pueblo tomamos una senda a la izquierda y comenzamos una ascensión lenta y tendida hacia la sierra, bordeando un campo de tiro del ejército. Poco antes de llegar arriba nos alcanza Trinidad, la catalana con la que compartimos mesa en la cena de anoche. En la cima hay una cruz de madera, ante la que nos hacemos fotos, y unos curiosos círculos hechos con guijarros, probablemente por algún tipo de aborígenes de la nueva era, fascinados por la magia del entorno que vio cazar a nuestros antecesores. O algo así, vaya.

El descenso desemboca rápido en una carretera asfaltada, por la que afortunadamente apenas pasan coches. Avanzamos charlando hasta Cardeñuela Riopico, donde nos separaos de Trinidad y paramos en un pequeño albergue privado a almorzar. Son las once de la mañana y ya va habiendo hambre. Supuestamente estamos mas o menos a mitad de la etapa. Pero el calor empieza a apretar, y nos resentimos del trayecto por carretera. De entre las posibles alternativas para entrar en Burgos, escogemos la que bordea el aeropuerto, cruza Castañares y entra en la ciudad siguiendo un largo y bonito parque en la margen izquierda del río Arlanzón. Suena bien, ¿Verdad?

La cruda realidad es que la pista que bordea el aeropuerto es fea y larga, tiene mal piso y ninguna sombra. Y nos funde.

Para cuando llegamos a Castañares casi no podemos con nuestros pies. Y el trayecto por la margen del río sin un solo sitio donde sentarse a descansar durante lo que se me antojan varios kilometros acaba de machacarnos. Sabemos que poco mas adelante hay una playa fluvial, pero no llevábamos. En cuanto encontramos un banco de piedra nos sentamos a descansar.

Por fin llegamos a Burgos. Vamos a la plaza de la Catedral, localizamos el albergue… Y resulta que está lleno. Igual que los otros que hay en la guía. Normal, son ya mas de las cuatro de la tarde y es agosto. El hospitalero nos da el teléfono de un hostal que dice que está bien. Llamamos. Son 15 euracos por persona. Más IVA, claro. Vamos a verlo y no está mal, de hecho está muy bien. Nos lo quedamos. Ducha y breve siesta, mientras Lurdes se lava la cabeza en la peluquería de abajo. Luego damos un paseo, compramos algunas provisiones, cenamos en una crepería y a la cama.

Mañana tenemos etapa larga y se preven temperaturas elevadas.

 

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2 comentarios en “Del paleolítico al gótico: San Juan – Burgos

  1. La verdad es que los pequeños relatos de Pablo se quedan cortos… vamos a ver si le convencemos para que se estire y nos escriba… cualquier cosa, pero que de para unas vacaciones…

    1. Chas gracias, compañero 🙂
      Me temo que para unas vacaciones es mucho, de momento a ver si consigo juntar letras en algo que de para un fin de semana. Se agradecen los ánimos.

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